La salud mental se ha consolidado como uno de los grandes focos de atención de la Inspección de Trabajo. Aunque la gestión de los riesgos psicosociales ya formaba parte de las obligaciones preventivas de las empresas, en los últimos meses se observa una evolución clara en el enfoque inspector: ya no basta con disponer de documentación, sino que se exige acreditar que las medidas implantadas funcionan realmente.
Son cada vez más frecuentes los requerimientos relacionados con evaluaciones psicosociales, protocolos de acoso, formación de responsables internos o sistemas de gestión de denuncias. El objetivo ya no es comprobar únicamente si la empresa cumple de forma formal con la normativa, sino verificar su capacidad para prevenir, detectar y gestionar adecuadamente las situaciones que pueden afectar a la salud mental de las personas trabajadoras.
Nuestra compañera Serafi Moya, del equipo de Comply de Affor Health, te lo explica en detalle a continuación.
Del cumplimiento documental al cumplimiento efectivo
Durante años, muchas actuaciones inspectoras se centraron en comprobar la existencia de determinados instrumentos preventivos: evaluaciones de riesgos, protocolos de actuación o acciones formativas. Hoy, sin embargo, la pregunta ha cambiado.
La Inspección quiere saber si la evaluación psicosocial está actualizada y ha dado lugar a medidas concretas; si el protocolo de acoso es conocido y aplicable; si las personas responsables saben cómo actuar cuando reciben una comunicación; o si los canales internos permiten gestionar incidencias con garantías de confidencialidad, trazabilidad y seguimiento.
En definitiva, ya no se evalúa únicamente la existencia de herramientas preventivas, sino su aplicación práctica dentro de la organización.
Los cuatro aspectos que más se están revisando
Uno de los principales focos continúa siendo el diagnóstico psicosocial. La Inspección solicita con frecuencia evidencias de participación de la plantilla, metodologías adecuadas y, sobre todo, planes de acción derivados de los resultados obtenidos. Un informe que no se traduzca en medidas preventivas concretas pierde buena parte de su utilidad.
También están adquiriendo especial relevancia los protocolos de acoso laboral, sexual y por razón de sexo. No basta con disponer de un documento elaborado hace años. Se revisa si está actualizado, si define con claridad las responsabilidades y los procedimientos de actuación, y si resulta accesible y conocido por las personas que trabajan en la organización.
Otro elemento clave es la formación. Cada vez se presta más atención a la capacitación de mandos intermedios, responsables internos y miembros de comisiones encargadas de gestionar situaciones de conflicto, violencia o acoso. La existencia de procedimientos pierde eficacia cuando quienes deben aplicarlos desconocen su contenido o alcance.
Por último, la Inspección está poniendo el foco en los canales internos de comunicación y denuncia. Se analiza no solo su existencia, sino también su operatividad real, la protección de la confidencialidad, la trazabilidad de las actuaciones realizadas y el seguimiento de las medidas adoptadas.
Cuando tener los documentos no es suficiente
No es una cuestión teórica. En una actuación inspectora reciente, una organización disponía formalmente de evaluación psicosocial, protocolo de acoso y canal interno de comunicación. Todo en orden, sobre el papel.
Sin embargo, durante la investigación se constató que el procedimiento llevaba años sin actualizarse, parte de las personas responsables desconocía cómo activarlo y no existían evidencias claras del seguimiento ante determinadas comunicaciones internas.
El resultado fue la exigencia de medidas correctoras inmediatas y la apertura de un procedimiento sancionador.
Este tipo de actuaciones reflejan una tendencia cada vez más consolidada: la Inspección analiza no solo si las empresas cuentan con herramientas preventivas, sino si son capaces de responder eficazmente cuando surge un problema real.
Un riesgo económico, reputacional y organizativo
Los incumplimientos relacionados con la gestión de los riesgos psicosociales pueden dar lugar a sanciones relevantes. Dependiendo de la gravedad de la infracción, las multas pueden oscilar desde los 7.500 euros hasta los 225.000 euros.
Pero el impacto suele ir mucho más allá de la sanción económica. El deterioro del clima laboral, la pérdida de confianza de las personas trabajadoras, el aumento de la conflictividad interna o el daño reputacional pueden generar consecuencias mucho más duraderas para la organización.
Por eso, la pregunta que deberían plantearse muchas empresas ya no es si disponen de una evaluación psicosocial, un protocolo o un canal de denuncia. La verdadera cuestión es si podrían demostrar mañana ante una inspección que esos mecanismos funcionan de forma efectiva.
En Affor Health acompañamos a las organizaciones exactamente en ese desafío. A través de soluciones especializadas como PsicoDUE, la formación de comisiones y responsables internos, la investigación externa de denuncias y nuestro acompañamiento técnico-jurídico, trabajamos para que el cumplimiento no se quede en el papel. Porque la mejor forma de afrontar una inspección no es prepararse para ella cuando llega, sino construir entornos de trabajo capaces de proteger realmente la salud mental de las personas cada día.
Artículo escrito por:
Serafi Moya
Consultora de Compliance Psicosocial en Affor Health

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